Blog de mi amigo Manolo, donde todo lo que se escribe es fruto de mi imaginación y de la tuya ...
lunes, 7 de noviembre de 2022
martes, 15 de marzo de 2022
viernes, 19 de noviembre de 2021
A propósito de una estupenda novela… que es Trigo limpio.
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Nota aclaratoria para los
que no han leído la novela: léanla porque no les defraudará. Y si la leen antes
de leer esta especie de reseña mejor, porque se darán cuenta de que esta reseña
no va de la novela propiamente, sino de los consejos y advertencias que el
autor, o mejor dicho, el narrador, se da a sí mismo a la hora de escribir la
novela… pero aquí, no destripo la novela, ni hablo de su línea argumental, ni
hay critica… aquí solo hay el deseo de ayudar a un amigo que sé que le
encantaría escribir una novela y no se decide…
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Había quedado con Manolo para ir
a la pescadería. Había cola. Ahora, en
estos nuevos tiempos de la peste (léase Covid19) que nos ha tocado vivir, hay
colas en todos lados, unas pequeñas, otras kilométricas… distancia de
seguridad… solo dos personas dentro, por favor… lo positivo es que ha
incrementado nuestro grado de educación en varios puntos que antes de la peste.
Bien, pues en la cola de esas que se ocasionan por el “solo dos dentro, por favor”, que nos piden en
la pescadería de la que Manolo y yo somo habituales clientes, al solito del
otoño que tan rico es… me dice Manolo que acaba de leer una novela espectacular
que ha sido galardonada con el Premio Biblioteca Breve 2021 de la editorial
Seix Barral… lo del premio ni le quita ni le pone nada a la novela, en todo
caso al autor sí, que le infla algo la cuenta corriente, al margen del subidón
que cualquier premio por birrioso que sea le ofrece a cualquier ser humano… Sin
esperar comentario mío alguno, Manolo me dice que cuando llegue a casa lea los
folios que me entrega para que vea el alcance de la novela… adelántame algo, le
pido a Manolo… léela es su respuesta… y compramos unos hermosos langostinos,
huevos de choco y unas huevas de merluza para freírlas…
Llego a casa y del tirón me pongo
a leer los folios de Manolo que transcribo fielmente:
“Apuntes que saco de la novela de
Juan Manuel Gil, Trigo limpio, publicada en Seix Barral en el año 2021.
Nota: Estos apuntes los he tomado
una vez leída la novela, para pasártelos, amigo, que sé que te gustaría
escribir una novela pero no te atreves, para animarte.
1ª Advertencia que debes tener en
cuenta: «Es
lamentable cuando alguien que se dice lector no entiende nada de lo que ha
leído , pero más triste es confundirlo todo. La vida con la literatura. Las
personas con los personajes. El autor con el narrador. la verdad con la
verosimilitud. Y, lo más preocupante, lo biográfico con lo autobiográfico.
Sucede más de lo que cualquiera podría imaginar. Ir por la vida confundiéndolo
todo es como no ir por la vida. No sé si me explico. Es una auténtica pena». (Pág.
36)
Es decir, no tengas miedo a escribir
una novela porque la novela, novela es, y te permite escribir lo que te dé la
gana, sea o no autobiográfico, sea o no producto de tu imaginación… el problema
lo tiene el lector si se ve reflejado en el cabrón que tú estás describiendo en
la novela… ¿lo entiendes?... tú a lo tuyo… ¿tienes la historia? pues escríbela…
1er Consejo: «Quienes saben de
estas cosas afirman que los personajes secundarios son tan o más necesarios que
los principales. Yo no diría tanto, pero reconozco que algunos de los
secundarios con los que me he encontrado a lo largo y ancho de mis lecturas me
han embelesado poderosamente. El problema es que en la novela moderna ya casi
no sabemos quién es principal y quién es secundario. Las fronteras, como las
cicatrices, si aprovechan la orografía, pueden pasar desapercibidas, y eso
empuja al lector contemporáneo a un mar de dudas». (Pág. 41)
Es decir, deja bien claro en tú
historia quién es cada quién, no juegues con el lector al escondite, porque el
lector lo que quiere es disfrutar de tu novela. Eso no quiere decir que no haya
suspense, o que dejes a la imaginación del lector (el que la tenga) como era la
tía que el protagonista se estaba tirando en el probador de unos grandes
almacenes, por poner un ejemplo… pero tú, ya sabes, nada de crear dudas
existenciales en la novela que al lector le da congoja, no la termina, y va por ahí diciendo que tu novela es una
mierda… los personajes, personajes son, y como tales tienes que tratarlos…
destácalos si ves que la trama te lo permite o entiérralos en la miseria para
que al lector le entre la pena, que eso vende…
2ª Advertencia: “Por no hablar,
claro está, de los casos en que escritores, críticos, estudiosos y editores se
acaban poniendo estupendos y nos cuentan que en tal o cual novela el
protagonista es la ciudad, o la atmosfera, o el tono de la narración”.
(Pág. 41)
Es decir, aquí lo que te están
diciendo es que nunca hables mal de una novela, porque crucificaran la tuya.
Los escritores son como cualquier gremio humano, corporativistas, y nunca dirán
que una novela es una mierda, aunque lo estén pensando con absoluta certeza;
darán rodeos, para decir que la novela en cuestión es de un realismo critico
que interfiere en el subconsciente del lector de tal manera que lo que parece una
escritura abigarrada ( léase que es una mierda) es en realidad un giro poético
de la faceta humana del autor… ¿Tú tienes tu historia? pues escríbela… y si
luego resulta que no sabes escribir pues te quedas con el haberlo intentado…
pero no tengas miedo a que no te la van a publicar… tu fíjate en la solapa
trasera de cualquier novela que leas,
¿cuántas novelas te anuncian? quince o veinte mínimo, de colecciones que
van ya por las 243 novela… y ¿a cuantos
autores de la solapa, conoces?, ¿a uno,
a dos máximo?... entonces, por qué no vas a ser tú uno más… insisto… ¿Tienes la
historia? pues escríbela…
2º Consejo: «Quienes saben de esto
también dicen que una buena novela debe albergar en su discurrir más de un
repecho; que no es bueno que la lectura sea una actividad en descenso
zigzagueante todo el tiempo». (Pág. 46)
Es decir, no metas paja en la novela.
Algunos lectores son absorbe palabras, y aunque no las entiendan, leen y leen…
otros se lo tragan todo de pe a pa porque los veinte euracos que le ha costado
la novela lo tienen que justificar… No me quiero enrollar… lo que te está
diciendo este buenazo de Juan Manuel, es que no te vayas por las nubes… que
tampoco descubras todas tus cartas al lector en los primeros capítulos porque la
has cagado… y sobre todo que no tires dos párrafos de veinte líneas cada uno
para decir que sonó el teléfono en la habitación, por ejemplo…
3er Consejo: «Porque un repecho
nunca es un rodeo. Es un cambio de cierta brusquedad en el que perdemos de
vista el horizonte. No es que el lector sienta que está siendo obligado a tomar
el camino más largo». (Pág. 46)
Es decir, puedes meter algo de paja
pero que no se note mucho… y si tienes que meterla que sea en descripciones de
sexo, por ejemplo, que son muy socorridas en la novelas… pero no obligues nunca
al lector a que vislumbre que la novela tiene cuatrocientas veintisiete
páginas, va por la doscientas treinta y cuatro y todavía no ha experimentado
ninguna emoción, es decir, no se ha reído, no ha llorado, no se ha calentado o
no ha sentido frio… porque entonces, ciertamente el camino para el lector para
llegar hasta la última página de la novela es bastante largo…
4º Consejo: «Quienes saben de esto
también afirman que a la hora de escribir una buena novela se debe tener muy
presente el principio clásico de unidad y variedad». (Pág. 57)
Es decir, obvio: la historia que vas a
contar tiene que tener una unidad que se manifiesta en la variedad de sus
partes… esto que parece de Perogrullo, es la clave para que tu historia sea un
éxito o un fracaso… me explico… si tu historia manifiesta una unidad absoluta,
se convierte en una historia monotemática, que probablemente aburrirá al
lector, que probablemente calificará tu historia de perogrullada, si es
benévolo, y de una mierda si es contundente… Por otro lado, si tu historia es
absolutamente variada, el lector no se enterará de que va la historia, se
aburrirá, y dirá que eres un autor malo de cojones, si es contundente, y que te
queda mucho por madurar como escritor si es benévolo… Entonces la clave, como
casi en todo en la vida, está en el equilibrio entre la unidad de la historia y
su variedad… así que, si tu historia la tienes clara, manifiesta una unidad
argumental, y te da juego para que introduzcas variedad argumental alrededor de
la unidad, el éxito lo tienes asegurado… equilibrio, amigo, equilibro… unidad y
variedad en su justa medida…
3ª Advertencia: «De un tiempo a
esta parte, no está bien visto que el escritor haga uso del narrador en tercera
persona». (Pág. 81)
Es decir, por increíble que te
parezca, querido amigo, en esto de la literatura también hay modas, y ahora no está
de moda, ni bien visto, que tu cuentes tu historia en tercera persona, como si
Dios mismo se tratará, que todo lo sabe, todo lo ve y todo lo puede hacer
cambiar, fluctuar, matar, nacer… vamos lo que un novelista puede hacer en su
novela omniscientemente… así que a estos progres de la literatura supongo que no les gustará una deliciosa novela que acabo
de leer, de Hella S. Haasse, Los señores del té, porque la buena señora
la escribe en tercera persona… bueno como esto es cuestión de gusto, y de
personalidad, tu escribe tu novela como te sea más cómodo, porque a mí nunca me
ha gustado dejarme llevar por modas… además lo de escribir en primera persona
tiene el problema de que el lector cree que todo lo que escribes te ha pasado a
ti realmente, con lo cual te puede pasar como aquel escritor que vino a dar una
conferencia a la librería Machado y una señora se encaró con él porque decía
que era un maltratador, y todo porque en una de sus novelas el narrador
maltrata a su pareja en primera persona… en fin… como tú no aspiras al Nobel,
ni al Planeta, que es casi más importante ya que el Nobel, escríbela como
quiera, pero escríbela…
5º Consejo: «En el fácil o difícil
cometido de escribir una novela. el escritor debe plantearse, al menos, una
disyuntiva. ¿Qué es deseable: asumir el riesgo de malvivir en la monotonía o de
fracasar por dispersión?». (Pág. 93)
Es decir, ni lo uno ni lo otro. Ni
monotonía ni dispersión. Algunos autores actuales, creen que cuanto más difícil
se lo pongan al lector en cuanto a que éste disfrute de su novela, sino a
retazos, la novela será mejor… lo dudo… yo creo, querido amigo, que en esto de
la literatura, como en todas las artes, existe el genio, dotado de una
maravillosa forma de escribir que hace que todos tus novelas sean un éxito… el
Llosa, por ejemplo… y luego están la legión de escritores, donde los hay
buenos, mediocres y malos… a ti amigo mío, te tiene que dar igual, porque es tu
primera novela, para saber si has sido monótono o disperso primero tienes que
escribirla… pero eso sí, no abuses de la paciencia del lector, y aunque confíes
en su imaginación, cuéntale una historia, o varias historias que luego es una
sola historia, pero que se entiendan… hay historias que el lector, te lo digo
por experiencia, piensa que es memo porque lee y lee página tras página y no se
entera de nada… eso el lector no lo perdona sobre todo si la novela es de las
de veintitantos euros… en esto de escribir, creo yo, que lo mejor es que escribas
para ti, y si luego la gente lo lee y le gusta, pues estupendo… si no les
gusta, pues te quedas con el placer de haberte contado una bonita historia a ti
mismo…
6º Consejo: «Cuando presiento que
un bloqueo creativo está punto de caer en mi vida, tengo la costumbre de coger
un edredón y llevarlo a una lavandería de esas en las que metes monedas y te
toca esperar un par de horas como mínimo… el objetivo: que las ideas lleguen
aunque sean horrorosas». (Pág. 99)
Es decir, tú aun no sabes qué es eso
del bloqueo creativo porque aún no estas en tal proceso de creación, pero
llegado el momento te llegará… así que vete buscando un edredón o similar y una
lavandería de moneditas para que cuando te llegue ese día que estás en blanco, y
el ruido monótono de la lavadora o de la secadora te ayude a que tu cerebro
vuelva a crear, a recordar, a pensar en nuevas tramas que te ayuden a retomar
tu novela… si le funciona a Juan Manuel por qué no te va a funcionar a ti… con
bloqueos o sin ello si tienes la historia, escríbela…
7º Consejo: «Quienes saben de estas
cosas aseguran que detrás de la mayoría de las buenas novelas hay excelentes
editores. Que el entusiasmo que invierten no solo en los libros, sino también
en sus autores, contribuye de manera decisiva a que sus obras cristalicen. Es,
precisamente, esa forma de cristalizar la que diferencia una buena novela de lo
que sencillamente es una historia amorfa, ya que en ese proceso se consigue una
estructura íntima ordenada. Por ello suelen hablar de tres coordenadas
fundamentales: tiempo, reposo y espacio. … Tiempo: si es lento y largo el
proceso de escritura, mejores novelas tendremos, puesto que lo súbito, aunque
alimenta la intuición, propicia el defecto. Reposo: la calma permite una mejor
ordenación de las fases del proceso creativo. Espacio: si la historia crece sin
problemas de espacio interno -es decir: nada de precipitar el final- , su
estructura se manifestará de forma poliédrica, porque ya se sabe que lo peor
que se le puede aplicar a cualquier creación es el adjetivo plano». (Pág.
170)
Es decir, aquí en este consejo hay
mucha enjundia. No te preocupes si no tienes un buen editor, es natural, sería
tu primera novela, y a unas malas la autopublicamos y punto. Aquí lo importante
a valorar es la generosidad de Juan Manuel que ha compartido contigo ese
consejo que le han dado esos buenos editores que él tiene la suerte de conocer.
Quédate pues con esa mágica trilogía que hará que tu proceso de creación pueda
generar una buena novela y no una insulsa historia que no le interese mas que a
tu madre y allegados… Tiempo, reposo y espacio. Tomate todo el tiempo que
necesites para escribirla… si tienes ahora sesenta y dos años, y llevas no sé
cuantos sintiendo el gusanillo de escribir una novela y nunca te has puesto a
ello, no me tengas ahora prisa por poner todo por escrito a velocidad de diez
A4 por día… no… se lento en el escribir,
en rumiar lo escrito, en pulir, leerlo y volverlo a leer… Reposo. Como tu
practicas la meditación, calma no te va a faltar… aplícala a tu proceso de
creación… ordena bien las fases de la novela… y luego con calma la vas
desarrollando… y por último espacio… dale sitio a tu historia para que quepa
todo aquello que aporte sal al desarrollo de la misma… no tengas un inicio,
desarrollo y final de forma plana, convencional… no… hay que romper moldes, y
para eso necesitas espacio… se valiente y todo lo que se te manifieste
interesante súmalo a tu historia… ¿la tienes? escríbela…
4ª Advertencia: «Quienes saben de esto
aseguran que, para que una novela atrape la atención del lector, la
dosificación de los hechos que componen la línea argumental debe estar
rigurosamente estudiada». (Pág. 197)
Es decir, esto es orden, concierto y
rigor a la hora de exponer la línea argumental de la novela. Como dice Juan
Manuel, nada que objetar a esta advertencia tan de sentido común, pero él nunca
la ha utilizado, y es un grandísimo escritor… él es más de dejarse llevar por
su intuición, y le va muy bien… Tú, querido amigo, lo que no debes hacer es
atragantar al lector de datos en las primeras paginas de la novela de tal forma
que ya adivine todo lo que va a ocurrir… en eso, como novato, yo planificaría,
dosificaría la información para que el lector pueda usar también su imaginación
en lo que cree puede pasar… ya veremos si acierta o no… pero eso de dejarse llevar por la intuición
de cada uno, suena muy bien… así que tú mismo… orden y concierto, con dosis de
libre albedrio… esa seria la receta ideal para un principiante…
5ª Advertencia: «Quienes saben de
esto aseguran que no existe un brebaje para que una novela tenga el éxito
garantizado, entendiendo por éxito hordas de lectores que compran el libro y lo
recomiendan con voluntad de militante… nunca está de más recordar que los recetarios
o los libros de instrucciones son ideales para preparar un clamar en aceite…
pero no para escribir una historia decente». (Pág. 233)
Es decir, tira a la papelera esos
ensayos sobre cómo escribir una buena novela. La novela la tienes que escribir
tú con tu bagaje cultural, con tu estilo, con tu forma de ser, vamos… con tu
intuición… luego se la das a un buen corrector, que los hay, Antonio Tocornal,
por ejemplo, además excelente escritor, y él te dirá si sobra o falta algo…
pero es tu yo el que se debe vaciar en tu historia… nunca he visto mejor ayuda
que estos consejos y advertencias que da Juan Manuel en su novela para alguien
que quiera escribir una novela… aunque no sé si ese es su objetivo… pero se le
agradece… Es verdad que hay muchos talleres de escritura creativa, de ficción,
de novela negra… respetables todos, interesantes, pero como tú tienes la historia… escríbela…
6ª advertencia: «… puede que
escribir sea eso. No tener las cosas claras. Porque quien asegura tener todo
claro no se detiene a escribir nada, ¿no?.» (Pág. 267)
Es decir, más claro no te lo puede
decir, querido amigo, tú, que siempre me dices que no tienes claro si escribir
o no tu historia… Juan Manuel te lo dice bien claro… escribe, el que no tiene
las cosas claras, para así compartir… y sí encima te aclaras pues miel sobre
hojuelas… tienes la historia… (he quitado la interrogación porque sé que la
tienes) escríbela…
8º Consejo: «Todas las personas,
incluidas las escépticas, necesitan compartir historias. … Eso las hace cooperar
en el sentido más amplio de la palabra. Y esa cooperación les garantiza
seguridad, certeza, estabilidad. Y amor. Amor también.» (Pág. 267)
Es decir, escribir es terapéutico. El
que escribe, lo hace por una necesidad: contar una historia… y cuando la cuenta,
bien o mal, ya se verá, adquiere seguridad en sí mismo, has logrado contar la
historia, repito, bien o mal, ya se verá; adquieres certeza, si es que en esta
vida hay alguna, tú ya tienes una: has sido capaz de escribir tu historia;
adquieres estabilidad, emocional sobre todo, porque imagino que escribir una
historia es como una especia de parto, y una vez has parido, que solaz; y nos
dice el bueno de Juan Manuel, que adquieres hasta más capacidad de amar… o sea,
que si no escribes la novela querido amigo la escribiré yo por ti…
7ª Advertencia: «No existe un uso
inmaculado del lenguaje. No existe lenguaje sin función porque todos buscamos
algo cuando hablamos con alguien». (Pág. 269)
Es decir, olvídate de ese miedo tuyo
al uso del lenguaje… cada uno lo emplea como puede, sabe y llega… aquí el que
tiene la última palabra es el lector, y si tú le ofreces con honradez una
historia que llega, éste siempre te lo agradecerá esté más o menos pulido el
lenguaje que uses… Además, como buen lector que eres, sabes, que lo que un
escritor entrega no es un lenguaje, un estilo o un argumento, es una parte de
él que quiere compartir, y tú lo recibes con tu bagaje vital de una u otra
forma, al punto, que lo que a ti te hace reír, a otro le hace llorar… el
lenguaje es un vehículo para comunicarnos que cada uno emplea con más o menos
acierto… hay reglas, pero las reglas están para saltárselas, si es el caso…
9º Consejo: «Creo que para que una
historia arraigue en el pecho de cualquier lector, es conveniente no trillar ni
aventar el grano hasta el punto de dejarlo solo, inmaculado, lucido. Las
pequeñas piedras, la tierra, el polvo, las espigas y otras semillas han de
estar ahí, junto al trigo». (Pág. 297)
Es decir, esta preciosa parábola de
Juan Manuel, nos da el sitio a los lectores… algunos escritores lo dan todo tan
mascado… suponen que el grado medio de inteligencia de sus lectores es pírrico…
aquí solo me queda decir como aquel maravilloso contador de parábolas decía: el
que tenga oídos para oír, que oiga…
10º Consejo: «Quienes saben de
estas cosas aseguran que la acción de un libro más que acaecer corre con
habilidad entre la piedras. … A veces,
con suerte, sabemos dónde estamos, pero casi nunca hacia donde nos dirigimos.
Navegamos en mar abierto». (Pág. 318)
Es decir, aquí nos hablan los que
saben del vértigo de la escritura que se hace con honradez… empiezas la
historia y ésta te lleva por vericuetos inesperados que debes asumir y contar…
te encuentras con muchos obstáculos que hay que saltar, o afrontar… mejor
metáfora no pudo emplear Juan Manuel: el escritor, que lo es con honradez,
navega a mar abierto… a lo que venga… con entera libertad… de eso tú, querido
amigo, de navegar a mar abierto, sabes algo… siéntete libre… afronta el vértigo
de la escritura… suéltate… escríbela…
11º Consejo: «Quienes saben de
estas cosas aseguran que no es conveniente que la historia tenga la misma contundencia
que una carpeta de secretario judicial. No es necesario que se deje constancia
de cada cosa que se dijo o se calló, de cada mueca o movimiento que un
personaje garabateó en el aire, de todas y cada una de las fases que se suceden
en el desarrollo de una acción». (Pág. 325)
Es decir, dale su sitio al lector.
Deja que la imaginación del lector juegue un papel muy importante en tu novela.
Así te lo ganas seguro. Probablemente, tú, como escritor novel, aunque tengas
sesenta y dos cumplidos, intentarás describir hasta el color del pelo de ese
que pasaba por allí… no es fácil, pero se puede… recuerda, dale sitio al lector…
que él ponga muchos de los colores, tonalidades y sentimientos en tu historia…
todo es empezar… el símil de la carpeta del secretario judicial es genial… nada
hay mas desagradable y hasta detestable que un escrito judicial… pero mi
querido amigo, si le pones amor, constancia y trabajo la sacarás adelante…
estoy seguro de ello…
8ª Advertencia: «Quienes saben de
estas cosas aseguran que, desde el momento en que renunciamos a la omnisciencia
del narrador en tercera persona, estamos condenados a que los personajes
definan su esencia a través de sus actos y de sus palabras. Tenemos restringido
el acceso a ese espacio donde germina la voluntad que los impulsa a hacer esto o
aquello. Llamémoslo como queramos: corazón, espíritu, subconsciente, lóbulo frontal
o sala de máquinas. Por tanto, son las decisiones de los personajes, sus palabras,
sus silencios, sus impulsos los que nos permiten radiografiar e interpretar qué
se cuece en ese remoto lugar de sí mismos». (Pág. 370)
Es decir, escribe en primera o en
tercera persona, pero escribe. Lo digo, porque a mi me gustan mas las novelas
en tercera persona… me siento como lector más a gusto… en primera persona, veo
siempre al autor implicado en todo lo que cuenta y no me agrada… su hay maltrato
en la novela pienso que él pudo ser un niño maltratado… no sé, en tercera
persona el que escribe no es protagonista de la novela, es dios… y a dios no lo
conocemos… en primera persona todo es ciertamente mas intenso… no sé, bueno,
también he leído grandes novelas en primera persona que me han dejado
impactados como esta de Jua Manuel… pero entiendo lo que dice Juan Manuel de
las restricciones a las que te somete el escribir en primera persona… ese
acceso a lo más íntimo de cada persona no lo tienes, excepto si ella te lo
cuenta o te da acceso… en tercera persona, como eres dios, no tienes problemas
para acceder y estar dentro de cada personaje, contar sus miserias implacablemente
o hacer el amor esposado… te da igual, como autor, porque no te ves implicado…
sin embargo en primera persona, cuando el autor describe que aquella droga le hizo
perder los papales con su mujer y la pegó… todos los lectores pensaran ¿será un
maltratador este escritor?... tu dices que es ficción, pero… siempre habrá el
lector que pensará… cuando el rio suena agua lleva… Bueno, querido amigo, no sé
si te estoy ayudando… elige tú como quieras narrar tu historia… pero escríbenosla...
por favor…
Tu amigo, Manolo”.
Llamé enseguida a Manolo, impactado,
por lo que acaba de leer. Que grande este Juan Manuel, deseando estoy leer la
novela. Le agradecí a Manolo el detallazo de acordarse se mí, de escribir con
tanto cariño esas notas para animarme a escribir una novela… pero le hice ver
que mi destino es ser lector, con el ansia eterna de ser escritor… le dije que
en muchas novelas, disfruto tanto leyendo que es casi como si yo las estuviera escribiendo
y con eso me doy por mas que satisfecho…
Nota final: Si has llegado hasta aquí,
y no has leído la novela, tienes que leerla, es intuitiva, te reirás, no te aburrirás…
Yo suelo decir cuando acabo una novela si es buena o no, basándome en el grado
de interés que ha despertado en mí; ese grado lo mido en si leo solo cuando me
apetece, o en que aprovecho cualquier momento libre para leer la novela… en el
caso de Trigo limpio… en una escala de 1 a 10, mi interés por leer la
novela ha sido de un 10… es decir solo dejaba de leerla porque me llamaba mi
mujer, y mi mujer es dios, (como la madre de Juan Manuel) y a dios hay que obedecerle…
Mauricio Ruiz Berlanga.
19 de noviembre de 2017.
Día en el que mi pueblo ha sido
nombrado capital española de la gastronomía del año 2022… una grandísima noticia
que hay que celebrar.
viernes, 19 de marzo de 2021
miércoles, 10 de febrero de 2021
Entre el faro de Chipiona y el Faro de Bonanza el Faro de Roque Espino, leyendo Bajamares.
Antonio Tocornal.
Bajamares. Ediciones Insólitas. Madrid, 2020.
Me acaba de llamar Manolo y me ha
propuesto que vayamos en bici desde nuestra urbanización hasta el Faro de
Chipiona y desde allí al de Bonanza. Nuestra urbanización viene a estar
equidistante entre ambos faros, a unos ocho kilómetros, por lo que sería una
ruta, según los cálculos de Manolo de unos 32 kilómetros, iremos primero por la
vía verde que el Ayuntamiento de Chipiona ha construido para uso y disfrute de
los chipioneros y sus visitantes; esta ruta comienza o termina según se mire en
el Camino de la Reyerta que es la linde entre los términos municipales de
Chipiona y Sanlúcar, la vía sigue el trazado del antiguo ferrobús que unía Sanlucar con todo el litoral gaditano hasta
Cádiz capital. El ayuntamiento de Sanlúcar, que podía haber hecho lo mismo, tiene
el trazado del tren totalmente abandonado, parte convertido en carretera sin arcén,
muy peligrosa para los andantes del colesterol, parte se la han apropiado por
el morro sus vecinos, todo lleno de basura, o de toallitas húmedas de esas que
no se degradan tras quinientos años de existencia, que sus usuarios, después de
una marcha atrás agotadora no se han dignado guardarlas en su coche para
después tirarlas y la dejan allí para realce de la desidia del Ayuntamiento de
Sanlúcar de Barrameda.
Hemos quedado a las ocho de la
mañana en casa de Manolo porque desde allí enfilamos mejor la salida hacia
Chipiona. Se me olvidó preguntarle a Manolo que cómo se le ha ocurrido esta
ruta, que por otro lado a mí me parece muy original y apropiada para hacerla en
bicicleta, pero como veo que está saliendo ya de casa se lo pregunto
directamente. Después de los buenos días y de las típicas carcajadas de Manolo
riéndose de la cara de gilipollas que tengo con el casco de Bicicleta, y de las
mías diciéndole que porque él no se ve… nos damos los buenos días, y antes de
arrancar le pregunto que cómo se le ha ocurrido esta ruta, a lo que me responde
que se debe a una magnifica novela que acaba de leer que se titula Bajamares,
que le ha suscitado una gran admiración hacia su autor, por lo insólita de la
misma, por su surrealismo, porque es toda ella una gran metáfora, aunque tú
sabes, me advierte Manolo, que yo de literatura entiendo poco por no decir
nada, pero si entiendo de lo que siento, de lo que provoca en mí su lectura, de
sus efectos en mi ánimo… en fin, que en la novela su protagonista es un farero,
que vive en un faro, por eso, se me ocurrió cuando la acabé decirte que
hiciéramos esta ruta y así de camino te cuento todo lo que te puedo contar de
la novela Bajamares, sin joderte su lectura, que por supuesto la tienes que
leer… pega un salto en la bici, y me dice… Vamos! despacito para que podamos
charlar…
Salimos a la Carretera de la
Jara, catalogada por Manolo, como una de las más peligrosas de España, sin
arcén, sin acerado, llena de baches revienta ruedas, sin farolas, con montañas
de basura acumulada por sus vecinos y no vecinos, que me recuerdan las montañas
de basura que vi en las aceras de Calcuta, cuando estuve por allí de
voluntario, como serán las montañas de basura acumulada que no la recoge el
camión de la basura del Ayuntamiento, sino un tío con una Bulldozer, que la
vierte a un camión que se la lleva a prefiero no saber dónde… y lo peor, como
dice Manolo, los conductores que no respetan para nada a los ciclistas y nos
pasan a medio metro a unas velocidades que triplican la permitida que es de
treinta kilómetros por hora, Manolo cada vez que alguno no nos respeta además
de cagarse en sus muertos, le hace una pirula, por lo que un día de estos me
veo metido en una reyerta haciendo honor al camino hacia donde nos dirigimos. Como
es temprano no hay mucho tráfico, Manolo se coloca en paralelo y empieza a
comentarme sus impresiones de la novela Bajamares, que por cierto el nombre no
puede ser más bonito, más marinero, más metafórico… la novela, me dice Manolo,
tiene un prólogo que está bien, pero no muy bien, no porque no esté bien
escrito, que lo está, o su contenido no valga la pena, que lo vale, sino porque
a mí me gusta meterme en las novelas después del título, zambullirme en el
contenido sin parada en prólogo, pero bueno, eso es gusto y nada más… en el
primer párrafo el prologuista dice que Bajamares va sobre la muerte… y yo te
digo que de muchos más, porque también va de la vida, de lo animales que somos
en el sentido literal de la palabra, de soledad, de silencio, de imaginación
que desborda, abruma… no hay amor, si mucho desamor… va del espejo donde nos
miramos y vemos a otro siendo el mismo, va de locura que es normalidad… va
de un farero solitario en una isla deshabitada… (Pág. 7) Ten cuidado
Manolo, le interrumpo, que viene uno a carajo sacado, freno para dejar que
Manolo se coloque delante mía y pase el desalmado como es costumbre a menos de
medio metro de distancia y a noventa kilómetros por hora… Veo la pirula de
Manolo, y oigo un claro tu puta madre… paramos en el cruce de la Reyerta me
dice Manolo… de acuerdo… seguimos pedaleando uno tras otro hasta allí…
Me dice Manolo que me ha pedido
que me pare aquí en el cruce, donde empieza la vía verde de Chipiona para
leerme el final del prólogo que le ha gustado mucho, y al lado del cartel
explicativo de la ruta me lee: “Bajamares está a mitad de camino entre lo
soñado y lo recordado, la posibilidad y la certeza, instalada en un abismo que
tiene el nombre, siempre incierto, de Literatura”. Josep Maria Nadal Suau. (Pág.
11). La novela es pura Literatura, sigue Manolo, que engancha, te absorbe, te
obliga a pensar, te crea expectativas… sorprende, sobre todo eso, me dice
Manolo, sorprende, no es una narración fácil, ni una novela al uso… dejamos
paso a dos tres ciclistas que empiezan la vía, y le digo a Manolo que ya me
tiene en ascuas, y que estoy deseando leer la novela, a la vuelta, cuando
crucemos Sanlúcar en la Calle Ancha paramos y miro a ver si la tiene la
Librería Atlántida y me la compro… si quieres te la dejo, me dice Manolo, pero
yo le digo que no porque a mí me gusta leer y subrayar, poner comentarios en
los márgenes… Vale, vale, me dice Manolo, y arrancamos de nuevo la ruta camino
del Faro de Chipiona…
La vía verde tiene como unos
cinco metros de ancho por lo que podemos ir en paralelo, charlando, sin
interrupciones de conductores irrespetuosos con los ciclistas. Me dice Manolo
que Bajamares es única por varios motivos que descubriré cuando la lea, pero te
puedo adelantar, que uno de ellos es la puesta en escena de la novela, su
contenido, que aparece en doce narraciones o capítulos que narra el guardafaros;
doce documentos, que son descripciones, listas de ventajas e inconvenientes
para tomar ciertas decisiones, cartas, recibos, notas de naufragios, definiciones
a modo de ejemplo que se recogen en una enciclopedia y una nota interna de un
funcionario; diez narraciones o capítulos que cuenta el narrador; cuatro
narraciones o capítulos que narra el barquero; una narración o capitulo que
narra la madre muerta; y unos breves agradecimientos del autor de la novela que
ya comentaremos… Manolo me dice de pronto que me pare que me quiere enseñar
unos huertos de agricultura ecológica que merece la pena ver, no tenemos que
abandonar la ruta, lo vemos desde la misma vía,
esta todo muy cuidado, se puede comprar verdura de temporada, hay unas
construcciones en madera, todo muy rústico; Manolo me comenta que él, cuando es
la época, coge el coche y viene a comprar unos chicharos dulces exquisitos, o unas
alcachofas con un corazón inmenso y apetecible… Debo reconocer que las papas
con alcauciles que hace Manolo están de fábula, así se lo hago saber, para que
se acuerde, cuando haga alguno de esos guisos exquisitos, de invitarme, le
digo, que ya no me acuerdo de la última vez que me invitó… se ríe… Montamos de
nuevo en las bici y justo antes de abandonar la vía para dirigirnos hacia el
Puerto de Chipiona, me dice Manolo, que nos vamos a acercar a ver la playa de
la Micaela, que esta justo antes de llegar al puerto, y que es la única playa
disponible, pues desde la punta de Montijo al Puerto hay mucha roca, y un mar
que cada año le va ganando terreno a los invernaderos que lindan con la playa,
hay auténticos muros de rocas para aguantar al mar, lo que se me antoja una
idiotez, porque de siempre cuando el mar dice va… no hay nada que lo pare, pero
los hombres y la mujeres somos así de crédulos… por no llamarnos idiotas.
Dejamos las bicis atadas a unos
barandales que hay en la acera de la avenida que linda con la playa de la Micaela,
y bajamos por una rampa de madera hacia la playa que está con marea baja, lo
que hace que huela a algas, a salitre; cuando la marea está alta, el olor
cambia a mar. Veo a Manolo que se agacha a recoger una piedra, ovalada, que
tiene forma como de un ojo lo que le recuerda, me dice, un amuleto que el
guardafaros posee, y que a él, cuando leyó la novela le recordó el ojo de
Dios, ese que venía en la enciclopedia o
en el catón, metido en un triángulo, con
el que nos amedrentaban con aquella
frase de que ese es el ojo de Dios que todo lo ve, y yo, entraba en pánico
porque pensaba que qué pensaría Dios de mí cuando era malo malísimo… soltó la
piedra, que todo lo ve, y me comenta la gran imaginación de la que Antonio
Tocornal hace gala en su novela… se nota además como conoce al mar, a la mar, y
el mar… se le nota que es cañaílla, que ha respirado la sal de las salinas de
San Fernando… y vete a tu saber si no se inspiró para su novela en Sancti Petri
que es Isla y tiene faro… Deseando estoy, le digo a Manolo, de leerla… vámonos
a las bici, me replica Manolo, que todavía nos queda ruta…
Nada más salir de la playa de la
Micaela, vemos la entrada del Puerto Chipiona que está destinado por una parte
a Puerto Pesquero, y por otra a Puerto de embarcaciones recreativas, deportivas
y yates... Manolo, me dice, que si el fuera Inspector de Hacienda investigaría a
todos los fulanos o fulanas que tienen en propiedad esos pedazos de yates que
estamos viendo, para saber de donde proviene el dinero con el que se lo han comprado…
según Manolo nos llevaríamos grandes sorpresas… Yo le respondo que yo a quien
investigaría es a todos los Inspectores de Hacienda para ver cual era su
patrimonio cuando aprobó las oposiciones y cuál es su patrimonio en la
actualidad, para comprobar si su incremento patrimonial es acorde a su sueldo
de Inspector… estoy seguro que también nos llevaríamos grandes sorpresa… Cada
vez que vengo al Puerto de Chipiona, continua Manolo, me acuerdo de que este
Puerto estaba previsto construirlo en la Playa de las Piletas en Sanlúcar, pero
uno de los Alcaldes más inepto que ha tenido Sanlúcar rechazó la idea, para
gran alegría del Alcalde de Chipiona que la ejecutó enseguida, sumando un mayor
prestigio a su pueblo… Si no me equivoco, le digo a Manolo, ese es el mismo
Alcalde que puso la depuradora de aguas residuales en pleno casco urbano de
Sanlúcar… el mismo, dice Manolo, un
Nobel de la gestión, sentencia… y seguimos pedaleando… hasta pararnos delante
de la escultura de la más grande, a la que Manolo adora, reverencia, la gran
Rocio Jurado… dejamos a la Jurado y nos dirigimos al inicio del Paseo Marítimo
de Chipiona, paramos y nos sentamos en uno de los bancos que miran al mar, el
día es claro, me dice Manolo, señalándome la punta de Salmedina, con sus
farallones… ¿qué son farallones? le digo a Manolo, pues piedras que terminan en
punta en medio del mar, peligrosísimas para la navegación… la Isla de Roque
Espino de la novela, esta plagada de ellos, y de naufragios, hasta que se puso
el faro y el guardafaro lo atendió durante toda su vida evitando no sabemos
cuántos naufragios… menudo personaje el farero de Roque Espino… vivir en
soledad y silencio siempre… como un ermitaño, en su caso, ermitaño de la mar…
¿Sigue habiendo fareros? le pregunto a Manolo, que me dice que cree que sí… aunque
en mil novecientos noventa y tres se decretó su extinción, aún siguen quedando
alguno y alguna; a raíz de lo mucho que me ha gustado e impactado la novela de
Antonio Tocornal, el otro día leí un reportaje, me cuenta Manolo, de la única
farera que queda en activo en España, lleva 44 años viviendo en el faro del
cabo Vilán, en la Costa da Morte… esta farera que se llama Cristina, dice cosas
preciosas de su profesión: “El Vilán es mi vida. No vivo solo en el faro,
también vivo para él"[1]…
“Para mí es una vida cargada de libertad… para mí la soledad significa
libertad"[2]… Esto
último me llega, se lo comento a Manolo, que me responde con esta frase de la
novela Bajamares que le ha impactado: “A veces basta con la posibilidad. Cuando
uno tiene tanto tiempo, la posibilidad es lo que más valor tiene. He aprendido
que a menudo es mejor que la posibilidad no se convierta en un hecho consumado;
que continúe abierta como una oportunidad, con todos sus riesgos y con su
incertidumbre”[3]… Bueno,
me dice Manolo, aquí se está en la gloria pero hay que seguir… nos montamos en
la bici y enfilamos por el paseo marítimo, no paramos, me dice Manolo, hasta el
Faro de Chipiona… Vale…
Imponente!, exclamo, cuando nos
encontramos debajo del Faro de Chipiona… Es el mas alto de España me dice
Manolo, que me confiesa que a raíz de la novela se ha empapado unas cuantas
páginas webs de Faros… La novela te crea afición al faro, al mundo que los
rodea, que es fascinante… Pasan dos chavales con una cesta llena de erizos…
Este era, me dice Manolo señalando la cesta, el desayuno del guardafaro de
Roque Espino, Antonio Tocornal lo narra como si fuera un ritual, una comunión[4]…
es muy bueno contando la historia de ese farero tan peculiar… pero algo que es
sublime y que debería pasar a la historia de la literatura en letras de oro es
cuando Antonio Tocornal narra cómo se hacia los huevos fritos el farero… ya me
dirás cuando lo leas me dice Manolo… Donde nos encontramos, continua Manolo, se
llama la Punta del Perro, que casualidad que nuestro farero de la novela tiene
un perro al que en un principio, cuando se lo regalan, no lo trató muy bien,
pero luego lo hace su sombra… dice el farero en la novela “No comprendo qué
resorte deja de funcionar en mi mente. No encuentro una explicación razonable.
Y eso que intento razonar. Razono que le tengo miedo a la muerte”[5]…
es una novela que te inquieta, que te zamarrea tus instintos… es, termina
Manolo a la vez que se sube a la bici, una excepcional novela… Vámonos que
tenemos que llegar al faro de Bonanza… volvemos por dónde venimos…
Pedaleamos de nuevo por la vía
verde de Chipiona, no paramos, me dice Manolo, hasta que lleguemos a la calle
Ancha, en Sanlúcar, y paremos en la Librería para que te lleves hoy miso
Bajamares a tu casa o la encargues… estupendo, le digo… Por fin, llegamos a la
Librería, necesitaba parar porque mis rodillas hablan de dolor, de la edad que
no perdona… dejamos las bici atadas en la fachada y entramos… Elicio, el
librero, es un gran tipo, buena persona, que disfruta como nadie de la lectura
y de los libros, que son su pasión y sus faros por la vida… le pregunto por
Bajamares, y me da la alegría de que la tiene… él la ha leído y coincide con
Manolo en que es una excelente novela, parida por un excelente narrador… Cuando
estoy pagando le veo a Mauricio, que en la [6]caja,
tiene un número de lotería que termina en mi número favorito, se lo hago saber
y, me dice, que se lo ha comprado precisamente porque en la novela aparece ese
número… se me antojó comprarlo, si me toca, tengo previsto cerrar la librería
un mes e irme a recorrer Mallorca, que no la conozco y de paso saludo a Antonio
Tocornal que me ha dado la suerte… Nos reímos… Manolo me dice que tenemos que
seguir, no sin antes contarle a Mauricio que a raíz de la novela estamos
haciendo la ruta de los faros, hemos ido al de Chipiona, y ahora vamos para el
de Bonanza…
Volvemos al pedaleo… Manolo me
ameniza de nuevo la ruta con otra cita de las que el enmarca en su colección de
perlas literarias… “Más tarde fueron los amigos: un conjunto de seres simples
pero contradictorios; programados por la genética para competir entre ellos y
al mismo tiempo para emular, para convertirse en clones de los demás, y para
subdividirse en facciones con el único propósito de devorar a los mas débiles
entre risas y bromas, destruir y someter a los inferiores y erigirse en
pequeños reproductores dominantes”… es una foto real de nuestra sociedad, le
digo… o esta otra sobre la vejez que es impresionante: “Cuando uno se ha pasado
la vida trabajando para dignificarse, para reconstruirse intentando comprender
cosas, la razón de todo y cómo funciona todo y comprender la mar y el
horizonte, la vida se lo devuelve a uno de esa forma cruel: con incapacidades,
con sometimientos degradantes y al final con la muerte” [7]…
joder! como las clava el amigo Antonio Tocornal, resoplo… Me dice Manolo que también hay sexo en la
novela, no es del que a él le gusta, pero no deja de ser sexo… y se ríe
socarronamente… recitándome: “Lo más depravado está dentro de cada uno. Solo
hay que atreverse a mirar en el cajón adecuado. Si uno lo piensa demasiado se
puede llegar a asustar” [8]… Manolo,
se queda pensativo… le digo que si está recreándose en algún párrafo excitante
de la novela, y me dice que no… que esta pensando en el dolor de rodillas de
tanto pedalear y que hay que parar a descansar… me encanta la idea, le digo… hemos
dejado atrás la Barriada de los Marineros y le propongo a Manolo descansar en
las escaleras del Colegio Marista que hay en Bonanza… así lo hacemos… y ya
desde allí la distancia al Faro de
Bonanza es de un tiro de piedra… en este Colegio estudiamos Manolo y yo lo que
hoy seria la Primaria, Secundaria y la ESO… Manolo me recuerda el día que
apareció una ballena varada en la playa de Bonanza, que los Hermanos nos
llevaron a que la viéramos de cerca, cómo
apestaba, también, me dice Manolo, aparece una ballena en la novela… en fin…
nos acercamos al Faro de Bonanza, menos imponente que el de Chipiona, ya sin
uso, descuidado… no entiendo, me dice Manolo, como el Ayuntamiento no ha dado
algún uso a esta reliquia… no podemos entretenernos más porque se nos viene la
hora de comer encima y hay que volver a casa… a pedalear otra vez, o mejor
dicho a sufrir, porque este deporte de la bici es para masocas… se ríe Manolo…
y me dice que sin parar a casa… ok, le digo… y allá que vamos…
En media hora ya estábamos en mi
casa, antes de despedirnos, me dice Manolo, que intuye que me va a gustar mucho
la novela… el final es sorprendente, como la novela toda… lo único que es una lástima,
me dice, es que el farero de Roque Espino no encontrará el amor que convierte
la posibilidad en felicidad, se quedó en el mundo de lo posible, con lo cual no
fue, en el sentido de ser… no vivió, no amó, por la cara cruel que a ciertas
personas le muestra la vida… Que la
disfrutes ¡!
Bravo AntonioTocornal ¡!
Mauricio Ruiz Berlanga.
Veintinueve de enero de dos mil
veintiuno.
Dia en que los Valerios que
quieran celebran su santo…
[1] En https://www.vice.com/es/article/nekk97/farera-costa-da-morte-broadly
consultado el veintinueve de enero de dos mil veintiuno.
[2] Ídem.
[3] Antonio
Tocornal. Bajamares. Ediciones Insólitas. Madrid, 2020. Pág. 25
[4] Cf. Ídem.
Pág. 30-31
[5] Ídem.
Pág. 47
[6]
Tocornal, Bajamares, o. c. Pág. 125
[7] Ídem.
Pág. 200
[8] Ídem.
Pág. 151
jueves, 14 de enero de 2021
Gracias Mila por lo bien que me lo he pasado leyendo esos maravillosos relatos.
Mila Guerrero.
Animales del Parque. Anantes Gestoría Cultural. Primera Edición: Febrero
2019.
Me llamó Manolo bien temprano
para quedar para nuestro habitual paseo de los jueves pero le dije que hacia
mucho frio y que no tenía ganas de pasear. Manolo, hombre de recursos, me dijo
que nos iríamos al parque de la Dehesilla a sentarnos al sol de invierno que es
muy agradable y beneficioso para nuestros huesos ya castigados por el paso de
los años. Ante esa nueva oferta acepté la propuesta y quedamos en vernos allí
mismo sobre las doce, con la condición, le dije, de que levantara la niebla,
porque de no ser así sentarnos en el parque nos sería nada agradable, más bien
un tormento, dadas las temperaturas que barajamos estos días. Manolo me dijo
que sin problemas, que no me preocupara por la niebla, y sí por ir bien
abrigado, porque aunque nos de el sol, de once grados no subimos, y once grados
en nuestro pueblo, con la humedad reinante, es mucho frio, aunque menos mal que
no hacia viento, lo que aumentaría la sensación de frio. Manolo acabo la
conversación telefónica mañanera conmigo diciéndome que nos hemos vuelto unos
viejos insoportables, quejicas, miedoso, y acojonados. Luego me soltó una
sonora carcajada y me colgó recordándome que a las doce allí. Mi respuesta: de
acuerdo, no lo escuchó nadie.
A las doce en punto estaba yo en
el parque buscando que banco fuese mejor para nuestro ratito de cháchara. Vi
uno que estaba justo al lado de los columpios y toboganes para los peques y
hacia allí me encaminé porque era el que mejor recibía el sol del mediodía que
tanto anhelaba. Vaya tela el frio que estoy pasando estos días, pensaba yo,
cuando apareció Manolo con un librito en la mano que acaba de leer y que quería
comentar conmigo. Yo le dije que no estaba para libros hasta que no entrara en
calor. Manolo me dijo que estoy mayor, que no hago mas que quejarme, que soy un
vejestorio de sesenta y dos años, que ya no me la encuentro por las mañanas,
que estoy para mesita camilla y caldito, y no sé cuántas cosas más que se le
ocurrieron para cachondearse de mis quejas sobre el frio, que por otra parte
eran mas que justificadas porque la punta de la nariz no me la sentía a pesar
del sol, y el moco se me caía casi sin darme cuenta, señal inequívoca de que
estoy mayor. Manolo se sentó a mi lado, me dio un achuchón procovid19 para entrar
en calor. Le dije que si él no tenía frio, y me dijo que no, que se había
tomado una copita de Magno antes de salir de casa y que estaba calentito por
dentro y por fuera. Tú si que sabes, le respondí.
El sol iba haciendo su labor poco
a poco y he de reconocer que era un verdadero placer estar allí sentado. El
banco era muy cómodo, aunque como bien me dijo Manolo, es cómodo para media
hora, tres cuartos máximo, porque a partir de ese momento el culo comienza a
resoplar y lo mas sabio es levantarse para que los glúteos vuelvan de nuevo a su
postura natural, así que sin mas preámbulos le pregunte a Manolo por el libro
que traía entre la manos, que es lo que él estaba esperando para entrar en
faena. Animales del Parque, leí, que con las progresivas tengo vista de lince,
de qué va le pregunté. Manolo, me dice, es un libro de cuentos o de relatos,
como quieras llamarlo, con un hilo común, padres y madres, hijos e hijas, sus
relaciones, sus histerias, sus fobias, sus amores… su lectura me ha hecho
recordar mis relaciones con mi hijo e hijas, su educación, su crianza… recordar
es agradable aunque lo que se recuerde sea doloroso, pero como lo ves tan en la
lejanía, superado, te regocijas en pensar si aquello que te paso te cambio o no
la vida, si lo hubieras hecho de otra manera con tu hija, si te equivocaste o
acertaste, sí, me dice Manolo, me ha removido en mi interior recuerdos ya
enterrados y los he saboreado. Ya sabes
que a mi me gusta un libro o no me gusta como los vinos, no hablo de literatura
porque no lo necesito, hablo de lo que me llega, de si me hace reír o llorar,
si me remueve la conciencia, si me repugna o me agrada, de lo que me gusta o no, y este libro Manolo,
sus ocho historias me han encantado, una de ellas que me encantó, así de
titula. Le escuche una vez, a un escritor sevillano, Gregorio Verdugo, una
frase que me encantó, valga la redundancia del encanto, que viene al hilo de lo
que te quiero trasmitir, me dice Manolo, y es que un libro, cuando el escritor
lo acaba y lo publica deja pertenecer al autor y pertenece al lector; el lector
lo rumia, lo saborea, le agrada o no, le hará reír o llorar, pensará cosas e
interpretará otras que el autor ni por asomo lo pretendía, pero esa es la magia
de los libros, la magia de la imaginación que se desborda con la lectura de lo
que otro u otra ha escrito y tu la dejas volar.
Manolo es de los que prestan los
libros, aunque no se los devuelvan, como ocurre a menudo, y yo sé que lo ha
traído para dejármelo y que lo lea. Se lo pido, lo ojeo, me gusta palpar los
libros, tocarlos, no soy de libros on line, me niego a leer en el ordenador o
en los aparatos esos precargados ya de miles de libros que ni en dos vidas me
daría tiempo a leer. Me gusta la recomendación del amigo, o la búsqueda al azar
en las editoriales, y cuando veo uno que me llama la atención pues me digo:
éste, y a ver qué pasa. El llanto de un niño me saca del ensimismamiento de la
bonita portada del libro. Se lo devuelvo a Manolo, pero me dice tal y como yo
esperaba que me lo quede y lo lea que lo voy a disfrutar. Perfecto, le digo, y
vaya tela como berrea el enano ese. Sí me dice Manolo, es una herramienta de
los niños y niñas que algunos la saben utilizar de maravilla, de eso va uno de
los relatos de Mila Guerrero, la autora, que ha sabido trasmitir de maravilla
situaciones reales con unos personajes definidos y encuadrados en un tiempo-
espacio breve, pero con unas proyecciones hacia tu interior que te interpelan,
que espolean nuestras conciencias, sobre todo si has sido padre o madre.
En uno de los relatos, me dice
Manolo, Mila calca la realidad del padre machista actual, que infravalora a su
mujer, que con una crueldad inhumana, anula a su mujer, que con una frialdad pasmosa
inculca al hijo la misma crueldad hacia la madre. El niño en definitiva
maltrata a la madre con sus armas tal cual lo hace el padre con la suyas. Es
absolutamente desgarrador como termina el relato Mila, magistralmente, por otro
lado, cuando dice: “Ahora estamos mejor sin ella” (Pág. 21). Demoledor. Es el
triunfo del mal, pero es la realidad de lo que hay. Que cabrones los dos, el
padre y el hijo. Bueno, le digo a Manolo, cómo te emocionas. Sí, me contesta,
es que no sabía hacia donde me llevaba Mila en el relato, y el final me dolió.
Literatura de la buena, de la que denuncia, remueve conciencias…
Ha llegado otra madre al parque
con su hijo que no para de decirle que tenga cuidado que va a coger frio, que
no se quite el abrigo que se va a resfriar, lo llama cada dos por tres para
tocarle la frente no vaya a tener fiebre, el niño ha tosido y la madre ha
corrido hacia él para ajustarle la bufanda y decirle que en cuanto llegue a
casa le tiene que dar la Fluidasa… Uf resopla Manolo, esta es una hipocondríaca
de la vida que tiene al niño asfixiado… también aparece retratada una en otro de los
relatos de Mila… lo lees y la estas viendo… genial. Pero me ha caído bien la
hipocondríaca, me dice Manolo, porque apunta cosas interesantes, como es el
tema de la humanidad en la relación médico-paciente. Verdad es que hay médicos
que ni te miran cuando te atienden, pero otros son para comérselos, grandes
profesionales, y humanos, muy humanos… como mi amigo Rodrigo, le digo a Manolo…
efectivamente, me confirma. El uso y mal uso de nuestra Seguridad Social, queda
retratada por Mila Guerrero muy bien. . Es la típica madre que asfixia al niño
de pequeño y de mayor lo seguirá asfixiando, la del parque, digo. Su único
objetivo en la vida es cuidar a su hijo, y claro, el pobre hijo sufre las
consecuencias. A los niños y niñas, me dice Manolo, hay que dejarles volar, lo
que pasa que cuando eres padre o madre ese volar te asusta, por lo que les
pueda pasar… sí, la inmensa mayoría de los padres y madres somos demasiado
proteccionista, ¡qué le vamos a hacer ¡.
Al fondo de la zona de columpios,
han llegado dos padre, con dos niños, que alborotan como veinte. Manolo me
llama la atención sobre ellos para que me fije en la cara de malo que tiene uno
de ellos, aunque luego sea un bendito, y la cara de pánfilo que tiene el otro,
que luego, a lo mejor es un bicho. No juzgar, pienso, pero va en nuestra
genética eso de juzgar, catalogar, encasillar. Lo que está claro, me confirma
Manolo, es que los padres y madre, en ocasiones no vislumbramos, ni por asomo,
la maldad que pueden albergar algunos de nuestros hijos e hijas, a pesar de que
su apariencia sea la de un angelito o angelita. De eso va otro de los relatos
de Mila, de la maldad innata que puede albergar una niña o un niño. Me pregunta
Manolo ¿crees que nacemos malos y buenos?... creo que somos malos y buenos, que
la esencia del ser humanos es una lucha de contrarios. La educación aquí juega
un papel fundamental, le digo a Manolo, la educación de los padres, que es tan
importante o mas que la de los hijos, como se refleja en los relatos que Mila
escribe genialmente.
Pasamos un rato de silencio los
dos, contemplando la fauna que se va acercando al parque. Me llama la atención
una pareja que llega con un cochecito de un recién nacido que lo lleva con
mucho garbo él, mientras que ella lo sigue no dejando de mirar continuamente
hacia dentro del capazo para ver como esta su niño o niña. Manolo que lo ve, me
susurra, porque están pasando cerca de nosotros: a este lo retrata Mila
perfectamente. Bueno, igual me equivoco, pero casi seguro que no, continua
Manolo, que éste es de los que de cara la galería parece que es un autentico
heraldo de la igualdad, mientras que de puertas para adentro es un cobarde que
se siente superior a su mujer, egoísta, que no tiene sexo con ella, sino que la
usa para tener él sexo, que es muy distinto, vamos un regalito para la pobre
mujer. Ya veras cuando leas ese relato, me dice Manolo, te gustará, lo borda,
la Mila.
Manolo juega con el libro en las
manos. Yo sigo observando los habitantes del parque. El culo aún aguanta, sigo
cómodo. Manolo reclama mi atención de una madre con dos niñas, parece que
hermanas, de edades cercanas, que están las dos como discutiendo por algo que
una de ellas tiene en las manos. Cosas de niñas, y de niños, le digo a Manolo.
Sí, me responde, pero que importante es inculcar amor en nuestros hijos, y no
tanto de nosotros hacia ellos o de ellos hacia nosotros, que se da normalmente,
sino entre ellos, porque si se dispara la envidia y los celos, se acaba como
muchos de los que a nuestro alrededor habitan, hermanos y hermanas que ni se
hablan. Mila trata de eso en otro de los relatos. Hasta que punto puede llegar
el odio, el rencor y la venganza entre hermanos. Terrible. Por eso, me insiste
Manolo, yo siempre que puedo le digo a mi hijo que quiera muchos a sus
hermanas, y a ellas entre sí, que se apoyen, se ayuden. Es muy triste ver a hermanos
y hermanos que no se miran. Ahí los padres y madres tenemos mucho que hacer y
decir. Inculcar el amor, trabajar el amor entre hermanos y hermanas. Educar en
el amor. El mundo sería distinto, cambiaría, sentencia Manolo.
Ya me esta mandando mensajes el
culo de que llevamos mucho tiempo sentado. Se lo digo a Manolo, y riéndose me
dice que peor lo tendrán aquellas dos que están allí de palique desde antes de
que llegáramos nosotros. Desde lejos se ve que una de ellas especialmente es la
que charla por los codos mientras que la otra asiente o niega según la otra va
hablando… Siempre he admirado la capacidad, y no lo digo peyorativamente, de
conversar que tienen la mayoría de las mujeres. Se cuentan las cosas con una
minuciosidad admirable. El otro día, me cuenta Manolo, su mujer llamó a su
prima, que es un encanto de mujer; yo, me dice Manolo, estaba en la cocina,
fumando, que otra vez he caído en el vicio de los cojones, y oía a mi mujer
perfectamente; el motivo de la llamada era interesarse por su salud, porque le
había comentada otra prima, hermana de la que llamaba, de que su marido había
pillado el Covid. La respuesta de la prima no las oía, lógicamente, pero por
los silencios de mi mujer, y los sí, ah, aja, que iba soltando, calculaba el
tiempo de respuesta de la prima que solía ser bastante largo. Terminado el tema
Covid, aparece el tema hijos e hijas, y se desgrana como van en los estudios,
salidas y entradas, relaciones sociales, etc. Repasados los hijos e hijas, se
entra en tema gordura, alimentación, gimnasio, fastidio. Terminado tema gordura
entramos en tema tiempo, el frio que hace, lo mal que lo llevan. Del frio
pasamos a los abrigos de rebajas, que si más baratos en Zara que en Cortefiel,
o nada de eso, que mas barato on line… y así hasta que de pronto una mira el
reloj y suelta el Ah¡ que se me ha ido la mañana y no he hecho nada, y se
despiden con mucha prisa deseándose parabienes por doquier. Retratadas quedan,
fenomenalmente, también en otro de los
relatos de Mila, precisamente además en el que da titulo al libro.
Miro la hora y le digo a Manolo
que nos debemos de ir, porque alguna madre nos está mirando con cara de malas
amistades, pensando que somos dos viejos verdes de esos hijos de puta que
abusan de niños y de niñas. Bueno, me dice Manolo, es otro de los relatos de
Mila que me han encantado, uno que es magistral, lo dice todo con tan poco
gasto de palabras. Léelo, me dice Manolo levantándose del banco y pasándome el
libro. Lo leeré, sin duda, le contesto, mientras que siento el alivio de mi
culo que se relaja al verse liberado de la opresión de mis kilos de más. De
vuelta a casa, y despedido ya de Manolo, vengo pensando en la poca importancia
que le damos a la educación que damos a nuestros hijos, de lo benévolos que
somos en muchas ocasiones que deberíamos de ser más tajantes, por lo menos yo,
que con mucha bondad para que no sufran a veces les hacemos mas daño que
beneficio, que por encima de todo, cada día creo más en el poder del Amor, que
es el que de verdad hace milagros en las personas, y que es por lo que hay que
luchar si de verdad queremos crear un mundo mejor, mas humano y mas justo.
Gracias Mila por lo bien que me
lo he pasado leyendo esos maravillosos relatos. Muy recomendable su lectura.
Mauricio Ruiz Berlanga.
15 de Enero de 2021.
Festividad de los Mauro.
La imagen procede de: https://www.anantescultural.net//?s=animales+del+parque
Para conocer algo de Mila Guerrero y de la presentación de su libro:
jueves, 10 de diciembre de 2020
Sobre la estupenda novela de Olga Merino "La forastera"....
Olga Merino. La
forastera. Alfaguara 2020.
No había
amanecido aún. La luna debe de estar bien escondida, no se ve nada. Vivo en una
urbanización de creación casera, y la luz de farolas brilla por su ausencia…
mis vecinos por tacañería encienden una raquítica bombilla que alumbra menos
que una linterna sin pilas… mi coche esta como a trescientos metros de casa y
allá que me encamino alumbrándome con la linterna del móvil… Ni frio ni calor…
parece que el día apunta esplendido para la ruta que mi amigo Manolo y yo hemos
decidido hacer hoy… la llaman, la ruta de los molinos y está en el Parque
Natural de los Alcornocales, una maravilla de la naturaleza que tenemos en la
provincia de Cádiz, que se adentra algo en la de Málaga… Es una parque para
conocer, para recrearse en sus muchas veredas, canutos, valles, senderos,
seguir el cauce de los muchos arroyos que lo cruzan, visitar los pueblos que lo
habitan como Alcala de los Gazules o Jimena de la Frontera… Arranco el coche, son las 7.18, me encamino
hacia casa de Manolo, he quedado en recogerlo a la y media… voy despacio para
estar puntualísimo, como le gusta a Manolo… su casa está muy cerca de la mía..
a cinco minutos en coche velocidad de crucero, que no sé cuál es… pero esa es
la que llevo… enciendo la radio… radio nacional clásica… la adoro… hacen unos
programas magníficos… los sigo siempre que puedo, me pierde uno de Música
Antigua que lo lleva Sergio Pagán, que es una verdadera joya de la cultura
clásica musical… Diviso a Manolo en la puerta… puntual… va bien pertrechado de
botas para andar por el campo y de su mochila… Manolo es el que me habló de
estas rutas de senderismo que hay por el parque de los alcornocales, están muy
cuidadas, bien señalizadas, esto último,
muy importante, para dos lerdos de la orientación, como somos Manolo y
yo… Es la primera que vamos a realizar… veo en la cara de Manolo las secuelas
de una noche de descanso intensa… animado… sube al coche… Buenos días ¡¡ Vamos allá
¡¡
Se acomoda en
el asiento y tal como se está enchufando el cinturón de seguridad me comenta
que tardaremos unos cuarenta y cinco minutos en llegar al aparcamiento donde
está el inicio de la ruta… está contento Manolo… y yo con él… saca una
fotocopia de la mochila y me dice que ahí lleva toda la ayuda e información que
necesitamos para hacer la ruta de los Molinos… por cierto, me dice Manolo, que
acaba de leer un libro donde un molino es parte de la trama… bueno pues ya
tendremos tema de conversación durante la ruta, le digo… y se ríe en plan
pícaro… porque le encanta comentar conmigo las lecturas que hace, sobre todo,
cuando, como me acaba de decir, la de Olga Merino, La forastera, es una
historia que te atrapa, que te involucra a tope, que disfrutas de la narración,
que no quieres que se acabe… que es buenísima… hacemos silencio… escuchamos
música sacra, un salmo, compuesta por Adran Willaert, músico de Flandes,
director de la Capella de la Catedral de San Marcos de Venecia desde
1527 hasta su muerte en 1562… cuando volvemos de nuevo al mundo, después de
haber estado en el cielo… Manolo, me dice, que según la información que ha
sacado de la web del parque, este sendero de los molinos, sigue una vía
pecuaria que une Alcalá de los Gazules con Jimena de la Frontera… por esta ruta
anduvieron artesanos de la molienda, carboneros y descorchadores… está plagada
de molinos que aprovechaban los arroyos que pueblan esta zona del parque… Cuánto
dura la ruta, le pregunto… dos horas, una de ida y otra de vuelta, me contesta
Manolo… es asequible, apostilla… Bien, respondo…
El amanecer
nos pilla entrando en la sierra… los tonos del cielo son indescriptibles…
Manolo me dice que ha aprendido mucho de tonalidades con la novela de Olga… tanto que se atreve a
definir el cielo que contemplamos como cargado de tonos cerúleos y zafiros … en
contraste con el tono pizarra de las laderas y gargantas de la sierra en la que
nos adentramos… le pregunto que si la novela entonces va de pintores o
pintoras… bueno, sí que hay un pintor en la novela, que es coprotagonista en la
narración, en parte… y me lee Manolo
como describe éste la piel de una modelo hindú… Anjali, padres
hindúes: rojo cadmio, blanco titanio, amarillo de Nápoles, verde vejiga, óxido
de cromo… (Pág. 167)… interrumpe lo
que me está leyendo para advertirme que vaya despacio, la entrada al
aparcamiento del sendero debe estar cerca… Ahí está… me señala una entrada sin
asfalto, que nos introduce en una especie de planicie pedregosa, cercada, con
un par de coches… aparco, salimos, mochilas al hombro… sigo a Manolo que con
fotocopia en mano me indica donde está el inicio del sendero… enseguida oímos
el arrullo del agua que lleva el arroyo
del Montero, y enseguida también vemos
el primero de los molinos, el del Acebuchal… entramos en sus ruinas… emociona
contemplarlas, el silencio, las piedras nos miran… Manolo aprovecha la
situación para definirme a la protagonista de la novela, la que es la
forastera, la que le da nombre a esta estupenda tragedia que nos narra Olga
magistralmente… Que estoy mal de la cabeza, dicen. Si acaso estoy loca de
puro cuerda. (Pág. 11)… Escribe de maravilla… ahí lo deja…
Seguimos la
ruta. Se levanta algo de viento, el que como dice Olga n su novela… todo lo
confunde… (Pág. 13)… que cierto es, me dice Manolo… A mí tampoco me
gusta el viento, ¿sabes? Fue lo último que oí en boca de mi padre (Pág. 121)… El viento loco… (Pág. 122) dice Angie, la protagonista de la
novela… continua Manolo… en los lugares donde el viento pega fuerte y casi
todos los días del año hay mucha gente con depresión… En la novela hay mucha gente
con depresión… bueno creo que no es exacto decir con depresión, digamos que con
sufrimiento intenso, con desamor… me dice Manolo que para él la novela es una
maravillosa historia de desamor, aunque Angie, como se llama la forastera, la
protagonista, ama intensamente… pero sufre desamor… ¿Hay suspense en la
novela?... mucho me dice Manolo, pero no es una novela de suspense, al uso… es
una novela que te atrapa… me la bebí literalmente… y con estas que llegamos al
siguiente molino de la ruta, el del Nogal… y suelta el Manolo… Vaya por Dios!
el nogal juega un importante papel en la novela… y eso? le pregunto… no te
desvelo nada de su contenido porque quiero que la disfrutes como yo la he
disfrutado… pero acuérdate que… el ahorcado tiene la culera del pantalón
manchada de mierda… (Pág. 19)… el pantalón bien cagado, (Pág. 21)…
vale! le digo a Manolo me acordare de la mierda, riéndome… y seguimos caminando hasta el próximo molino,
que lo llaman el del Olivar… y de nuevo me salta Manolo con que también el olivar
andaluz es protagonista de la novela de Olga… que de coincidencias, le digo…
cuando vemos venir de frente a dos senderistas ya de vuelta de la ruta a los
que saludamos cortésmente sin pararnos… cuando se han alejado un poco, Manolo,
me dice que, claramente, son temporeros de la zona, uno negro y el otro rumano
o ucraniano… y que en la novela dos amigos de Olga son también temporeros de
los que dice… Todos los temporeros africanos se parecen; todos los
blanquitos somos también la misma escoria blandengue para ellos… (Pág. 22)
y más adelante… A Vitali, el ucraniano, le han puesto en el pueblo
Blancanieves por esa piel suya tan clara… son geniales las descripciones
que hace Olga y pone en boca de Angie… me dice Manolo, disfrutando de sus
comentarios…. seguimos caminando… que paz… que silencio ruidoso de cantos de
pájaros y del murmullo del arroyo…
Llevamos unos
cuantos minutos andando en paralelo al rio Rocinejo cuando divisamos el molino
de Castro de Arriba en la margen derecha del Río… entramos en sus ruinas…
sobrecogen… Manolo me dice que se está acordando de cuando en la novela, Angie,
su protagonista dice que al entrar en ciertos lugares… Siento algo. El
desconcierto acumulado de los espíritus. El eco de la muerte. (Pág. 25)
Joder Manolo!, le digo… me contesta rápido… bueno es que es así… no queremos
reconocerlo, pero hay sitios que sobrecogen… en los que siente uno una
presencia durante segundos… y lo interrumpo yo… dejemos el tema Manolo… no me
siento cómodo hablando de espíritus… pues los muertos se llaman entre sí… dice Angie en la novela… me dice Manolo
riéndose al ver lo serio que me he puesto… y… continua Manolo, para darme más
angustia… Otra vez las campanas a muerto… (Pág. 33) que es como empieza
el capítulo que Olga dedica a Las mellizas… ¿pero es de terror la
novela?... no, me dice Manolo, es de la vida misma, del desamor que invade a
muchas vidas… Esta es tierra de suicidas… (Pág. 36) y más adelante,
continua Manolo… La muerte merodea por aquí desde siempre… (Pág. 36) … plantando
la semilla huera del suicidio en estas tierras… (pág. 39) diviso a lo
lejos en la otra margen del rio otro molino… y le pregunto a Manolo que cual
es… el de Castro de Abajo… nos acercamos… y me suelta Manolo este pensamiento
de Angie en la novela… Todos caminamos hacia el sumidero, solo que Julián
eligió el cuándo… (Pág. 53)… ¿es una defensa de la eutanasia? le pregunto…
bueno no sé si esa es al intención de Angie en la novela, me dice Manolo… pero
es claro que de alguna forma está de acuerdo con aquel, aquella, que libremente
decide acabar con su vida…
El camino se
aleja del cause del rio y nos adentramos por una garganta donde se nota el
trasiego que hubo en esta ruta tiempo atrás, en el desgaste de la roca… a una
de ellas se encarama Manolo y me dice que es un lugar privilegiado para meditar
y contemplar… como dice Angie en la novela: Aprendí del pintor inglés que
caminar es otra forma de discurrir (Pág. 57), este pintor al que se refiere Angie juega un papel importante también en la
novela… caminando se puede meditar, me dice Manolo… y contemplar, le digo yo…
de hecho es un arte el convertir una caminata en una meditación que en momentos
puntuales se convierte en contemplación… da paz, sosiego, quita estrés, relaja…
es muy recomendable para no terminar como el pintor inglés… pero para saber
como termina, tendrás que leer la estupenda novela de Olga, me dice Manolo… a
continuación me dice Manolo otra frase, que se atribuye al pintor, a la vez que
me pregunta si estoy de acuerdo con ella… La única forma de sobrevivir es
yendo a la deriva… no estoy de acuerdo, le digo… a la deriva termina uno
donde no quiere… yo creo que para sobrevivir hay que amar… el amor siempre te
da alas para vivir… para tener esperanza… como le pasa a Angie… que sobrevive a
su pasado… y con esta otra frase, de la novela ¿estás de acuerdo?: Nadie
conoce del todo a nadie… totalmente de acuerdo le digo… porque ni siquiera
nosotros mismos nos conocemos totalmente… quién no se ha quedado atónito de
ciertas reacciones que no esperaba nunca
tener… sí, sí… me confirma Manolo…
Continuamos la
ruta y el paisaje que se nos presenta ahora es duro, rocoso… como dura es la
pintura que cita Olga en su novela, me dice Manolo… que me dice que los buque
en Internet… es un fresco de Giotto que se titula la desesperación… y
efectivamente cuando lo veas verás que efectivamente allí esta pintada la
desesperación… como dice Angie… es imposible apartar la mirada del nudo…
(Pág. 144) genial! me dice Manolo… que continua… como duro es el que los
pobres ni siquiera necesitamos intimidad para morirnos… (Pág. 145) a colación de la muerte de una
familiar de Angie en una residencia de ancianos compartiendo cuarto con otra
anciana… velada critica a esas macro residencias donde aparcan a cientos de
ancianos… muy difíciles de humanizar… muy difícil que allí fluya el amor y el
cariño que estos seres vulnerables por su edad necesitan… Aquí dentro la
muerte ya aguarda a sus presas. (Pág. 145)… Por nada del mundo dejaría
que me encerraran aquí, pero supongo que la vida y sus excesos no permitirán
que me haga tan vieja… (Pág. 148-149) Estamos llegando al final de la ruta…
Me encanta, me
dice Manolo, como escribe Olga en la novela de sexo… ponme ejemplos, le digo,
con tono lujurioso… Que nos apareamos como lo hacen los perros, sobre las
matas… allí donde nos coge el ansia de las bestias… Eso solo sucedió una vez. Y
fue dentro de la casa, sin sábanas ni cama…(Pág. 12) … el cura sube a El
Hachuelo buscando lo que escondo en la entrepierna… (Pág. 72) El cura me
sostiene por la cintura, pero apenas siento el contacto se su carne… (Pág. 135) ¿qué hay un cura en la novela?... sí, me dice
Manolo… a mi me ha caído muy bien el personaje… es humano… me gusta… ante la
pregunta de Angie de por qué se hizo cura su respuesta me llega: Porque no
puedo soportar el sufrimiento de los demás… además al cura lo castigan y lo
mandan al destierro, dice Angie que no por mí, sino por las quejas que han
llegado al obispado sobre sus sermones. No toleran que hable en los pulpitos
sobre las cacicadas, sobre el respeto a los homosexuales ni que cargue contra
los curas pederastas y sus encubridores… (Pág. 188)… y sigue Manolo
citando… de repente, me veo a horcajadas sobe la verga de Nigel, rota de
placer, la cara bañada en lagrimas de alegría, de felicidad en el acoplamiento
de la carne y el espíritu… (Pág. 75) ¿Nigel es el cura? le pregunto a
Manolo… no, me dice, es el pintor… ah!, le digo… No era amor ni ternura,
sino un ansia voraz, el empeño de estrujar el deseo antes de verlo consumirse.
El ardor los espoleaba. (Pág. 85)… así define Olga la historia de amor de
Casiano y Emeteria… y así la de Angie con el pintor: Éramos ya dos caníbales
tiranizados por la carne, por el sexo hasta la extenuación, el único lugar que
parecía seguro entonces… (Pág. 94)
Hay poesía… de
la buena… en la novela de Olga… nos abruma el contrasentido / de que la
muerte / quiera anidar / en medio de tanta belleza, /pero una melancolía /
sutil / flota en el aire / a pesar de la furia / del verde nuevo. / La
primavera es violenta. (Pág. 18) Las barras las he colocado yo
porque es donde Manolo hace pausa, como versificando, como saboreando, lo que
va declamando, aunque en el texto de la novela es prosa… Otra… No tengo
lazos con casi nada / y tampoco temo la soledad: / mis muertos me acompañan. (Pág.
90) Más… Es de noche /sentados a la mesa mientras cenamos, / cuando el
tiempo se vuelve / más lento y profundo… (Pág. 164)… o esta otra… Vuelvo
a mi paz y, / sin embargo, / me desazona un vacío, / un hueco en el silencio. (Pág.
193)… pausa… silencio… y continua Manolo recitando esta otra: Depositas amor en
los seres, / en las cosas, / en los lugares, / y luego no sabes qué hacer / con
el que se te queda entre las manos / sin usar. / Se te queman las palmas. (Pág.
207)… le digo que es una prosa poética la de Olga Merino… ya lo creo, me
responde Manolo… y recita… Solo el amor / del que fui capaz / me mantiene en
pie; / vivo en su estela…
Terminada la
ruta, ya encaminados hacia Alcalá de los Gazules, para coger de nuevo la
autovía, le propongo a Manolo tomarnos algo… le gusta la idea por lo que me
adentro en Alcalá buscando un Bar… allí hay uno me señala Manolo… y me dice que
ese es… el Bar de los raros, el de la gente loca y terrible, el de los
diferentes, el de los solteros viejos, los borrachos, los que no creyeron en el
dinero. Los tocados por el viento… me lo estás poniendo bonito, le digo…
bueno es que así define Angie el bar que frecuenta en su pueblo… y dicho así no
me negaras que muchos bares de muchos pueblos de España están poblados de los
tocados por el viento… sin duda, le digo a Manolo, como tú y yo… nos
reímos…
Sentados
ya en el coche de nuevo para volver a casa, le digo a Manolo que cómo anda la
novela de Olga de palabritas cuyo significado tenemos que consultar al oráculo
de Google… pues de escándalo me dice… se ve que Olga domina el castellano con
pulcritud… así, califica a Angie como la guillada de El Hachuelo,(Pág.
11) o sea, la loca, o que ha perdido el juicio o que se comporta como tal… El
Hachuelo, me dice Manolo, en la novela, son las tierras que habían sido de la
familia de Angie, y aunque ella sitúa los hechos que acaecen en la novela en la
sierra de Córdoba, la Sierra del Hachuelo está en Montefrío, en la provincia de
Granada… Cominean a mis espaldas, (Pág. 12) hablan de asuntos
insignificantes… aunque la autora entiendo que lo usa más como sinónimo de
criticar… que nivel Manolo, le interrumpo… pon música para ambientarnos… pues
mira me dice Manolo, vamos a oír las canciones que la autora menciona en la
novela… y busca en su móvil esa
maravillosa balada de los Rolling Stones Angie, Angie… y me traduce el
verso que Olga cita en su libro en la página 24… Angie, Angie no puedes
decir que nunca lo intentamos… y los que cita en la 30… Sin amor en nuestras almas y no hay dinero
en nuestros abrigos. Pero, Angie, no puedes decir que nunca lo intentamos… la
escuchamos muy pensativos los dos… tantos recuerdos… termina la canción y
Manolo continua con su lista de palabras que según él, no tenemos en nuestra conversación del día a
día… Sobrinas deslavazadas (Pág. 12),
insustanciales, insulsas… al hablarme Manolo de sobrinas insustanciales,
insulsas, pienso en mi sobrina Nieves, que es así, un poquito insulsa, sin
sustancia, pero muy buena chica… te pongo otra canción que cita Olga por boca
de Angie en la novela… es de la película del Oeste Solo ante el peligro,
por la que Angie se siente colada, al punto que se sabe de memoria la letra de
la canción citando el verso, que dice no me abandones, cariño… comienza
a sonar la canción… y empiezo a recordar una película que he visto varias
veces… Manolo sigue viendo sus notas sobre la novela y me dice que los hechos
que narra Olga, parte de ellos, se sustancian en una finca que llama Las
Breñas… lo interrumpo, y le digo, que Las Breñas que yo conozco son un Parque
Natural de Barbate, en Cádiz… que por cierto debe tener también unas rutas
bellísimas para hacer… seguro, le digo, están allí los famosos acantilados de
Barbate… Ah! otra canción que cita Olga en la novela es la de los Clash… no
recuerdo este grupo le digo a Manolo… bueno a ver si escuchando la canción te
viene… la escuchamos, pero no lo
recuerdo… bueno, me dice Manolo, esta banda fue icono del movimiento punk de
los 80… la cita de esta canción en la novela es de una de las letras de sus
canciones con clara intencionalidad política… luché contra leyes injustas,
pero la ley me derrotó… (Pág. 42) por
cierto que en su novela tilda de bruja a tu admirada Margaret Thatcher… bueno,
algo de bruja tenía, le digo, me lo tomo como un alago… Manolo tira de nuevo de
sus notas… los niños se orinaban en las manos para curarse los sabañones del
helor (Pág. 14), del frío intenso y penetrante… y… más canciones… una de
los Who… Tommy, ¿puedes oírme?... que Manolo me la pone pero no la recuerdo
tampoco, es una canción muy corta…
Manolo a lo suyo… cuatro trebejos para el campo (Pág. 14)… los
trebejos son utensilios… no lo sabía, le digo… me pone Manolo una nueva
canción, esta vez una bonita balada de Rod Stewart, que titula Solo estaba
bromeando… de la que cita… perdí todo ese precioso tiempo Y culpó al
vino… la sierra se escarpa feroz
con la fronda (Pág. 18), con el conjunto de hojas o ramas que forman
espesura… Manolo, cuando lee y no conoce una palabra tiene la sana costumbre de
consultar en el oráculo de Google el diccionario de la RAE en su teléfono, y
las apunta, luego me las cuenta o
explica a mí… le encanta… y a mí que le encante… ampliamos juntos vocabulario
de nuestra rica lengua castellana… la avidez de la mariposa negra que
revolotea sobre la espinas de una aulaga… (Pág. 18) una aulaga, me dice
Manolo, es una planta como de un metro de altura, espinosa, con hojas lisas
terminadas en púas y flores amarillas… y comienza a sonar una canción que cita
Olga en el libro de Eric Clapton, Lay down, Sally… que a mi
personalmente no me gusta… se lo comento a Manolo y me responde que si que es
muy insulsa… y continua… dice: bajamos
de lado por un canchal… (Pág. 19) es que estamos bajando por un peñascal,
por una peña… vamos!... y si te deslizas hasta una especia de calvijar… (Pág.
19) es que te estas deslizando a un paraje sin árboles en el interior de un
bosque… Tela! exclama Manolo… o que si tampoco don Julián precisaba tanto el
galpón donde duerme… (Pág. 23) es que no necesitaba una casa grande, eso
sí, sólo de una planta… o cuando tu
bisabuelo tuvo que malvender el último pegujal de tierra… (Pág. 31) una pequeña porción de terreno… o cuando como estaban débiles, los cogían
las fiebres en los pantanos de la manigua… (Pág. 31) de un bosque tropical
pantanoso e impenetrable… o aunque hoy no huele a roña empercudida (Pág.
52) dicho de la suciedad: penetrar en algo, especialmente en la ropa manchada o
mal lavada… silencio… Manolo pone una nueva canción que se cita en la novela,
esta vez de The Police, su clásica… Message in a Bottle… de su letra
cita en la novela: Cien millones de náufragos buscando un hogar… (Pág. 122)
y continua Manolo con sus notas…Está removiendo las brasas para emparejar
las trébedes… (Pág. 68) que son, me dice Manolo, esas sartenes, que
llevan soldadas unas patas, para poder ponerlo encima de las ascuas en una
candela y poder cocinar… si hombre sí, le digo… las he visto en una matanza que
estuve en la sierra de Huelva… la usaban para hacer chicharrones…
espectaculares… Entonces sabrás, me dice Manolo, que es un hurgón (Pág.
68)… claro que sí, le digo… es el hierro que se utiliza para remover y avivar
las ascuas de la candela… más música…
ahora de la buena… la canción de los Beatles, su canción Eleanor Rigby… de la que cita: Ah!
mira toda esa gente solitaria…(Pág. 178) soledad… cuanta gente sola…
rodeada pero sola, sin cariño, sin amor… sola… acaba la canción… silencio… me
dice Manolo: la caridad de filfa… (Pág. 68) le respondo que es una
caridad falsa, engañosa… Le digo a Manolo lo mucho que me entretiene con este
discurrir de palabras y su significado… que ya estamos llegando a Jerez de la
Frontera… y que nos queda media hora para llegar… que la vuelta se me está
haciendo mucho más corta que la ida, cuando por lo general es al contrario… me
responde lo que yo ya sabía… pues tengo más… túrdiga (Pág. 74) es una
tira de pellejo… con la que Angie amenaza arrancar el pellejo a uno… logró
reptar hasta esconderse en el comedero de una zahúrda… (Pág. 87) Manolo me
mira a ver si le digo qué es una zahúrda pero no tengo ni idea… ante mi
silencio me dice que son las cabañas o establos para criar cerdos… que bien se
come en esa venta me dice Manolo… tenemos que venir algún día… si, le digo,
hace tiempo que no salimos con a comer juntos con nuestras respectivas… seguimos
oyendo la canción… y Manolo a lo suyo… Por eso quiso largarse de aquí, para
huir de la vaharina invisible… (Pág. 90) antes de que me diga nada, le digo
a Manolo que no sé que es la vaharina… pues es la niebla, el vapor, el vaho… es
una manera de decir que huimos de nosotros mismos, me dice Manolo, aunque esto
es mi interpretación… le digo a Manolo que me estoy dando cuenta que mi
vocabulario es muy cortito… ¿hay más canciones en la novela? le pregunto… pero
él sigue con sus notas… uvas agraces… (Pág. 90)… deduzco que son uvas
agrias, no?... pues no es exacto… me dice Manolo, son uvas sin madurar… son
esas uvas que estas viendo en los viñedos que acompañan la carretera de Jerez a
Sanlúcar y que están verdes, verdes, verdes… sin madurar… silencio breve que
rompe Manolo poniendo más música… del grupo Animals la canción Por
favor no dejes que me malinterpreten, canta Eric Burdon… a raíz de esta cita dice Angie en la novela… La
vida debería aspirar a la sencillez y, sin embargo, se enreda en malentendidos,
en frases no dichas, en equívocos resueltos a destiempo… (Pág. 209) no
puedo estar más de acuerdo con Angie, le digo a Manolo… un novelón, intuyo…
Manolo a lo suyo de nuevo… si te digo: atar la cuerda de nylon a la anilla
superior de la falleba… (Pág. 147) ¿dónde la estoy atando?... no lo sé, le
respondo… pues, me dice Manolo, a una varilla de hierro acodillada en sus
extremos, sujeta en varios anillos y, que sirve para asegurar puertas o
ventanas… en nuestra novela es en una ventana… que tendré que leerla le digo a
Manolo, porque tú bien que la has exprimido… pero Manolo no ha terminado aún…
tiene más… a la sombra caliente de las carrascas…(Pág. 185) no sé qué
son las carrascas le digo a Manolo… son,
me dice, encinas pequeñas… que las sitúa Olga en la novela por la sierra que
rodea El Salobral, el pueblo de la narración, que es en la realidad un barrio
rural del sur de Albacete, que saltó a las noticias hace unos años por el
suicidio, cercado por la Guardia Civil, del asesino de una niña de trece años
de la que decía estaba enamorado y de un vecino del pueblo que estaba fumando
fuera de su casa para no molestar a su familia con el humo… increíble destino…
Después
de tanta palabrería, me dice Manolo, me pregunto, si los escritores, no hacen como
los médicos, jueces y curas, citando a Angie que… se parapetan tras la
palabrería de alquitrán, apabullan con sus conocimientos para blindar sus
dominios: los médicos el cuerpo; los jueces, la inteligencia y sus
posibilidades; los curas, el espíritu, aunque estos prefieren usar un lenguaje
para tontos… (Pág. 135) los
escritores las palabras…
Hemos
llegado a Sanlúcar. Manolo me agradece el día tan bueno que hemos echado… yo le
agradezco a él su amor por la buena literatura… que me lo transmite a mi… no
termina de salir del coche para decirme que tengo que leer la novela, que me va
a gustar… se lo aseguro y nos despedimos hasta la próxima… Se que vendrán más
primaveras (Pág. 233) me dice Manolo fuera ya del coche…
Inicio de la ruta de
los Molinos del Parque Natural de los Alcornocales.
Mauricio Ruiz Berlanga.
10 de Diciembre de 2020.
Festividad de la Virgen de
Loreto.
La imagen de la portada del
libro: https://negraymortal.com/la-forastera-olga-merino-lopez/
La imagen del Inicio de la ruta de los molinos y para conocer
mejor la ruta de los Molinos del Parque de los Alcornocales:
Para conocer un poquito mejor a Olga Merino y su obra:
http://www.agenciabalcells.com/autores/autor/olga-merino/






